Leyendo el último post de Miss P. no he podido más que identificarme con ella en el proceso que está llevando. Ese momento en que la oscuridad parece cobrar fuerza y ni un ejército de pastillas puede calmarla entonces la lucha se vuelve intensa en pro de lo que ella llama “project hapiness” algo así. Ella sufre depresión bipolar, diagnosticada desde hace varios años. Insomnio, ataques de ansiedad, adicción a fármacos. Yo no creo tener bipolaridad porque ni siquiera experimento cubres de excitación feliz, pero considero que paso por una decepción severa. Como si cada día se fueran restando cosas, de más a menos, y llega un momento en que todo está en automático y nadie ha tomado el control del barco. Estos últimos tres días han sido de lágrima y moqueo. Crisis creativa, intelectual, emocional y espiritual. Siempre se me han dificultado las relaciones interpersonales porque soy una persona que tiene al individualismo, aislamiento, ensoñación, tengo más el carácter de una artista atormentada que de una chica oficinista.
Quisiera ser despreocupada, linda y toda sweet, tierna, cariñosa, chica rosita, pero tiendo al drama, a la intensidad, lo pasional, provocación sexual, locura, cuando quiero algo lo quiero todo, pero cuando me piden que les entregue no les entrego nada. Si se me pegan mucho me fastidian y si los siento lejos me altero y ocasiono escándalos para llamar la atención. Todo se resume a cuestiones de infancia, lo sé. Como chinga esa frase de que infancia es destino. Sigo trabajando en la paternalización en darme a mi misma todo el amor, el cariño, la atención y compresión que ando buscando desesperadamente en los demás. Inconscientemente ando buscando una mamá que me quiera, me apoye, se preocupe por mi, por saber qué pasa acá adentro, me reconforte y me haga sentir segura y amada que no me va a abandonar. Y la cosa no funciona así, tengo que ser yo misma esa madre, hacer todo eso yo solita para no exigírselo a los demás y caer en esos horrendos celos y posesión; y me cuesta mucho, eh, me está costando muchos ovarios hacerlo porque caigo en ese error muy seguido, en automático y tengo que hacerlo consciente a cada rato y recordar que los demás no son mis madres y que no me ponga en ese plan. Que el amor es libertad no un condicionamiento.
He vuelto a escribir, escribo todos los días en una libreta de bolsillo que cargo a todos lados, obviamente no salen más que puras quejas y lamentos pero que es necesario sacar porque ya no las quiero tener atoradas acá adentro. Tengo dolor, tengo un dolor en el corazón que me hace sufrir, lloro, me río y vuelvo a llorar. Pero al igual que Miss P. estoy decidida a dar batalla, a no dejarme caer en el pantano, aunque me la pase así, un día gris otro multicolor, estoy decidida a dar pasos aunque sea cortos para salir adelante. Creer en mí de nuevo, hacerme fuerte sin necesidad de ser agresiva conmigo y con los demás. Escribo mucho lo que estoy sintiendo, me pongo pequeñas metas y trato de hacer consciente (cuesta) mis dificultades y capacidades por igual. Este fin de semana me siento mal, después me siento mejor, y después bajoneada de nuevo así han sido las cosas últimamente. Sólo pido fortaleza espiritual (me siento sola y no me queda más que hablar con lo invisible) y paciencia. No más comida chatarra ni una gota de alcohol. No más amistades falsas. No juzgar a todos por igual, después de todo no todos son mierda, salir, conocer, seguir intentándolo una y otra vez aunque me abra y se larguen, cuidar a las personas que aún están conmigo, aunque batallo, ahora sé que están porque me quieren porque algo ven en mi que yo en mi paranoia no estoy viendo. Lo siento por estar así, tan desconocida. Ya estoy para grandes canciones, estoy para seguir.
sábado, julio 4
departamento de quejas
everybody's gotta learn sometimes
"Al menos finjamos que nos despedimos"
Clementine, Eterno Resplandor de una Mente Sin Recuerdos
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Le llamé dos veces. Por una parte porque el sentirme abandonada siempre dispara mis focos rojos y en otra por el sentimiento de al menos saber que hice cuanto estuvo a mi alcance. Cuando finalmente me contestó, ayer a las cinco y media, me dejó claro que es mejor un tiempito porque eso a ella le pone mal. Acepté, es lo que quiere y lo respeto. Pero al mismo tiempo fue así como una cachetada con guante blanco porque reconozco en su actitud acciones que yo he llevado (y llevo) acabo. Huir de las presiones, decepciones, y el dolor. Y creo que estaba más encariñada con ella de lo que yo creía. Ahora me doy cuenta.
Nos conocimos sorpresivamente. En el peor mes del año, en un día en el que me sentía mierda total, agotada mental y físicamente. Y fue la primer palabra que dijo la que me hizo reír. Su iniciativa. Había algo en ella que me escandalizaba: su despreocupación. Nada es tan serio para ella, nada le importa realmente, no se bajonea por cualquier cosa (contrario a mi voluble carácter) siempre una broma, siempre una sonrisa, confiar en todos, platicar con todos, alocada, gritona, expresiva, acelerada, siempre ese jodido optimismo que me dejaba toda pendeja porque mi vida se caía a pedazos ese puto mes. Nada más los payasos están así. Coqueteaba sin ser vulgar ni mujerzuela. Como con chispa. Y, ya, tengo que reconocer de una vez por todas que las mujeres con fuerte energía masculina me ponen. Me lo había negado, lo acepto. Si tienen cabello corto, algo masculino sin ser masculino, you know, me ponen. Y yo me hacía pendeja porque mi estupida meta es: quiero tener amigas sin romance de por medio. Y se me acercaba y sentía lindo pero me hacía la pendeja. Íbamos en su coche escuchando música y me hacía la pendeja hablando sobre el tráfico de Constitución. Y me hice pendeja porque me gustaba físicamente, me atraía pero no quería pensarla así. Yo no quiero novia, no me siento bien y pienso en alguien más. Y me hice pendeja. Y le confié mis rollos, y ella me seducía, lo hacía a cada rato ¡qué necesidad! Y me miraba de esa forma, y me ponía sobrenombres, y yo me hice pendeja.
Y yo insito en que el amor me pone mal. Y ella insistía en que el amor es algo maravilloso que hay que creer en él. Y que me suelta que tengo algo, que le gusto, que le atraigo, que pensaba de más en mi y yo pienso que con eso ya se jodió todo, adiós amiga sin romance, adiós complicidad desinteresada. Y hago el intento porque eso no interfiera, le cuento de que pienso en alguien, le cuento la historia, y eso la reta y se pone heavy, y nos estresamos y nos peleamos y me siento qué no sé que hacer porque me gusta su alegría, sus conversaciones cinéfilas, sus postales, su onda alternativa intelectualoide, sus grupos indies, su vida bohemia, de artista, su gusto de artista, sus pinturas (yo intenté pintar a mis 20's) sus intentos de videos, sus planes de irse a Los Ángeles a probar suerte en la producción. Y yo me quiero largar, y de chava quería trabajar en cine y escribía guiones como hobby. Y trato de retenerla deciéndole que podemos ser amigas y se pone necia, como descontrolada y nos besamos y me detengo y le digo no, con rigor, con fuerza para no hacernos daño. Y la cosa se pone mal. Y termina la historia. Me pide tiempo, se lo doy, porque sé hacer esos trucos, porque yo hago lo mismo, pero ahora sé lo que se siente estar del otro lado. Así que respeto. ¿Y qué pasa ahora? Que me quedo como el niño al que le han quitado el regalo de navidad. Que me caga emocionarme, abrir el corazón, dar la bienvenida y que lo dejen abierto. Que yo antes tenía un muro de concreto y en él no dejaba entrar a nadie, primero muerta que decir quédate ese me lo bajo un poco K. Pero siento que estoy construyendo una mini bardita preventiva de nuevo. Y esa es la conclusión de una convivencia de dos meses y medio. Y creo que voy a extrañar mucho su alegría desenfrenada, su pésima redacción y sus mensajitos en Internet que siempre me hacían sonreír. Y escribo de ella porque ya es cosa incierta, porque si es como yo, no regresa. Y porque siempre he escrito posts de las personas de mi vida. Necesitaba uno para desahogar. Y porque sé que ella es alegre por naturaleza, por lo tanto necesito ser optimista también y memorizar que fue bueno mientras duró.
Nos conocimos sorpresivamente. En el peor mes del año, en un día en el que me sentía mierda total, agotada mental y físicamente. Y fue la primer palabra que dijo la que me hizo reír. Su iniciativa. Había algo en ella que me escandalizaba: su despreocupación. Nada es tan serio para ella, nada le importa realmente, no se bajonea por cualquier cosa (contrario a mi voluble carácter) siempre una broma, siempre una sonrisa, confiar en todos, platicar con todos, alocada, gritona, expresiva, acelerada, siempre ese jodido optimismo que me dejaba toda pendeja porque mi vida se caía a pedazos ese puto mes. Nada más los payasos están así. Coqueteaba sin ser vulgar ni mujerzuela. Como con chispa. Y, ya, tengo que reconocer de una vez por todas que las mujeres con fuerte energía masculina me ponen. Me lo había negado, lo acepto. Si tienen cabello corto, algo masculino sin ser masculino, you know, me ponen. Y yo me hacía pendeja porque mi estupida meta es: quiero tener amigas sin romance de por medio. Y se me acercaba y sentía lindo pero me hacía la pendeja. Íbamos en su coche escuchando música y me hacía la pendeja hablando sobre el tráfico de Constitución. Y me hice pendeja porque me gustaba físicamente, me atraía pero no quería pensarla así. Yo no quiero novia, no me siento bien y pienso en alguien más. Y me hice pendeja. Y le confié mis rollos, y ella me seducía, lo hacía a cada rato ¡qué necesidad! Y me miraba de esa forma, y me ponía sobrenombres, y yo me hice pendeja.
Y yo insito en que el amor me pone mal. Y ella insistía en que el amor es algo maravilloso que hay que creer en él. Y que me suelta que tengo algo, que le gusto, que le atraigo, que pensaba de más en mi y yo pienso que con eso ya se jodió todo, adiós amiga sin romance, adiós complicidad desinteresada. Y hago el intento porque eso no interfiera, le cuento de que pienso en alguien, le cuento la historia, y eso la reta y se pone heavy, y nos estresamos y nos peleamos y me siento qué no sé que hacer porque me gusta su alegría, sus conversaciones cinéfilas, sus postales, su onda alternativa intelectualoide, sus grupos indies, su vida bohemia, de artista, su gusto de artista, sus pinturas (yo intenté pintar a mis 20's) sus intentos de videos, sus planes de irse a Los Ángeles a probar suerte en la producción. Y yo me quiero largar, y de chava quería trabajar en cine y escribía guiones como hobby. Y trato de retenerla deciéndole que podemos ser amigas y se pone necia, como descontrolada y nos besamos y me detengo y le digo no, con rigor, con fuerza para no hacernos daño. Y la cosa se pone mal. Y termina la historia. Me pide tiempo, se lo doy, porque sé hacer esos trucos, porque yo hago lo mismo, pero ahora sé lo que se siente estar del otro lado. Así que respeto. ¿Y qué pasa ahora? Que me quedo como el niño al que le han quitado el regalo de navidad. Que me caga emocionarme, abrir el corazón, dar la bienvenida y que lo dejen abierto. Que yo antes tenía un muro de concreto y en él no dejaba entrar a nadie, primero muerta que decir quédate ese me lo bajo un poco K. Pero siento que estoy construyendo una mini bardita preventiva de nuevo. Y esa es la conclusión de una convivencia de dos meses y medio. Y creo que voy a extrañar mucho su alegría desenfrenada, su pésima redacción y sus mensajitos en Internet que siempre me hacían sonreír. Y escribo de ella porque ya es cosa incierta, porque si es como yo, no regresa. Y porque siempre he escrito posts de las personas de mi vida. Necesitaba uno para desahogar. Y porque sé que ella es alegre por naturaleza, por lo tanto necesito ser optimista también y memorizar que fue bueno mientras duró.
martes, junio 30
¡éste es mi puto día, pendejos!
Ayer fuí al cine después de semanas enteras de no ir y eso para mi ya es señal de alarma porque es mi válvula de escape favorita. Decidí hacer las pases con mi madre y llevarla a ella, a la tía y a la asistente de la tía a ver una película. Como no había opciones para ellas nos metimos a ver Ángeles y Demonios con Tom Hanks “Me gusta mucho como actúa Tom Hanks” decía mi madre en la fila de la dulcería mientras yo la miraba con cara de ¡puaj!. Ellas se adelantaron a “apartar” asientos en una sala donde a final de cuentas estuvimos diez personas.
Yo me quedé con la asistenta pidiendo dos combos de dos refrescos y una tina de palomitas. Para esto la chica que atiende se tardó siglos en terminar la orden anterior y picar en la computadora la nuestra ante la mirada inquieta de cinco personas en la fila. Bueno, pedimos dos mentados combos. Y justo estaba acomodando la primera tina cuando…. Se me cae una tina en la caja. ¡En la caja! Todas las putas palomas regadas en el mostrador y excuso decir como quedó el piso, ¡vergonzoso! Solté una palabrota y la asistenta de la tía de seguro también pensó: “¡Qué vergüenza con ésta pendeja, trágame tierra!” Total que la chica de caja muy amable me rellenó mi tina otra vez pero yo salí de ahí roja de pena. Siempre me burlé de los que tiraban las palomas (me ha tocado ver varios) y ahora, tómala. Total que después me dio un ataque de risa propio de mi y entré escandalizando a la sala.
Hablando de ataques de risa hubo un momento que no sé por qué me causó gracia en la marcha. En plena calle, ya saben, en la banqueta todos los mirones heteros aprovechan para burlarse, decir leperadas o cosas por el estilo a los marchantes y me tocó ver a un grupo de chavitas butch, bueno, de plano camioneras, rodeando un vocho convertible, con más camioneras adentro. En eso un miserable espectador con finta de cholo les gritó algo como: “Guacala” o algo así. Y en eso una de ellas, bien enojada, se le deja ir poniendo los puños por delante y con odio, le grita: “¡Este es mi puto día, pendejooos!” Pero con un tono raro, saben, mezcla de rabia y orgullo. La gente se asustó y se hicieron para atrás en la banqueta (¿con justa razón?) A mi eso me provocó un ataque de risa que me duró dos cuadras… es más ahora que lo escribo me vuelve. Definitivamente de esas cosas que no olvidas. En mi memoria quedará por siempre esa chica de cabellos anaranjados peinados en pico, lentes oscuros, camisa de cuadros, jeans apretados y botas, gritando enojada: “¡Este es mi puto día, pendejos!” Te comprendo, nena, que yo también esperé un año para eso. Mi puto día.
Yo me quedé con la asistenta pidiendo dos combos de dos refrescos y una tina de palomitas. Para esto la chica que atiende se tardó siglos en terminar la orden anterior y picar en la computadora la nuestra ante la mirada inquieta de cinco personas en la fila. Bueno, pedimos dos mentados combos. Y justo estaba acomodando la primera tina cuando…. Se me cae una tina en la caja. ¡En la caja! Todas las putas palomas regadas en el mostrador y excuso decir como quedó el piso, ¡vergonzoso! Solté una palabrota y la asistenta de la tía de seguro también pensó: “¡Qué vergüenza con ésta pendeja, trágame tierra!” Total que la chica de caja muy amable me rellenó mi tina otra vez pero yo salí de ahí roja de pena. Siempre me burlé de los que tiraban las palomas (me ha tocado ver varios) y ahora, tómala. Total que después me dio un ataque de risa propio de mi y entré escandalizando a la sala.
Hablando de ataques de risa hubo un momento que no sé por qué me causó gracia en la marcha. En plena calle, ya saben, en la banqueta todos los mirones heteros aprovechan para burlarse, decir leperadas o cosas por el estilo a los marchantes y me tocó ver a un grupo de chavitas butch, bueno, de plano camioneras, rodeando un vocho convertible, con más camioneras adentro. En eso un miserable espectador con finta de cholo les gritó algo como: “Guacala” o algo así. Y en eso una de ellas, bien enojada, se le deja ir poniendo los puños por delante y con odio, le grita: “¡Este es mi puto día, pendejooos!” Pero con un tono raro, saben, mezcla de rabia y orgullo. La gente se asustó y se hicieron para atrás en la banqueta (¿con justa razón?) A mi eso me provocó un ataque de risa que me duró dos cuadras… es más ahora que lo escribo me vuelve. Definitivamente de esas cosas que no olvidas. En mi memoria quedará por siempre esa chica de cabellos anaranjados peinados en pico, lentes oscuros, camisa de cuadros, jeans apretados y botas, gritando enojada: “¡Este es mi puto día, pendejos!” Te comprendo, nena, que yo también esperé un año para eso. Mi puto día.
do I know you from somewhere?
Este fin de semana con picos y bajadas, como han sido últimamente los meses. Definitivamente este año no es de mis favoritos, todavía quedan seis meses para pensarlo mejor pero en lo que lleva ha sido demasiado contrastante y neurótico. Lo bueno del fin de semana fue que me aventuré al pauperrimo desfile de orgullo gay de mi ciudad. Definitivamente es desangelado, pero, bueno, el esfuerzo se hace. Y es que yo me he quedado con ganas de ir a uno de los grandes, donde la gente llena las calles completas, cuadras y cuadras, muchos carros alegóricos, demasiada joteria estrafalaria y globos y globos por todos lados. Al pensar en esto mi archivo visual se remonta a fotos de Roma, San Francisco o New York.
Este año me hubiera gustado estar en Barcelona donde al parecer ondearon la bandera arcoiris en una sede del gobierno, algo así, pero supuestamente fue un mega triunfo y creo que cerró Fangoria, así o más gay? Bueno, el caso es que quiero ir a uno de muchísima gente, porque en el de aquí no es tanta y todos van arrinconados en un lado de la calle. Un travesti en zancos se cayó bien feo y el cierre fue “opacado” por la clausura de un partido político. Aquello era un ruidazo populachero y sucio, feo, aburrido, de rancho, tanto que añoré estar en otro desfile de otra ciudad, en Europa, en el DF lo que sea porque éste ya me lo sé de memoria, demasiado predecible.
Y no es que yo vaya porque sea activista y esté loca por serlo. Voy porque desde la primera vez que fuí (2005) hay una chica que me tiene obnubilada. Es un fantasma, hasta la he bautizado como La Junio. Sólo la veo ese día, sólo la veo cuando termina la marcha y todos llegan a la plaza, siempre la he visto con sus dos amigos (eso sí, se ve mamoncisíma) y creo que ella también me ha notado porque desde hace dos años me ha mirado igual. Tenía ganas de ir y olvidarme del estrés y mal rollo familiar y tenía, ciertamente, la intriga de la Junio. Entre un monton aparatoso de gente, me acomodé estratégicamente al lado de un farol, cuando en eso volteo y ¡ahí! a mi lado, ella, es increíble, lo sé (cabe resaltar que también se ha liberado porque la primera vez que nos vimos se escondía entre la gente y desde el año pasado ya hasta porta bandera gay, me siento orgullosa de ella, jaja) Me miró de reojo y me señaló con uno de sus amigos. Yo estaba distraída, construía palabras, una frase, un saludo para saber su nombre cuando en eso volteo y ¡ya no estaba! ¡Puta madre! ¿En qué momento desapareció? Juro que no sé, fue cuestión de segundos, fue nada, se teletransportó. Les digo que es un fantasma. Pero sinceramente me caga la idea de esperar hasta Junio para saber si existe o me la estoy imaginando. Sólo tengo una pista: el lugar que ha mencionado las dos últimas veces que casi casi escuché su voz.
Y no es que yo vaya porque sea activista y esté loca por serlo. Voy porque desde la primera vez que fuí (2005) hay una chica que me tiene obnubilada. Es un fantasma, hasta la he bautizado como La Junio. Sólo la veo ese día, sólo la veo cuando termina la marcha y todos llegan a la plaza, siempre la he visto con sus dos amigos (eso sí, se ve mamoncisíma) y creo que ella también me ha notado porque desde hace dos años me ha mirado igual. Tenía ganas de ir y olvidarme del estrés y mal rollo familiar y tenía, ciertamente, la intriga de la Junio. Entre un monton aparatoso de gente, me acomodé estratégicamente al lado de un farol, cuando en eso volteo y ¡ahí! a mi lado, ella, es increíble, lo sé (cabe resaltar que también se ha liberado porque la primera vez que nos vimos se escondía entre la gente y desde el año pasado ya hasta porta bandera gay, me siento orgullosa de ella, jaja) Me miró de reojo y me señaló con uno de sus amigos. Yo estaba distraída, construía palabras, una frase, un saludo para saber su nombre cuando en eso volteo y ¡ya no estaba! ¡Puta madre! ¿En qué momento desapareció? Juro que no sé, fue cuestión de segundos, fue nada, se teletransportó. Les digo que es un fantasma. Pero sinceramente me caga la idea de esperar hasta Junio para saber si existe o me la estoy imaginando. Sólo tengo una pista: el lugar que ha mencionado las dos últimas veces que casi casi escuché su voz.
sábado, mayo 2
ya es hora
Ayer que salimos las calles no estaban tan vacías después de todo. Como la mayoría de los establecimientos están cerrados este puente la única alternativa era rentar una película y anestesiar la memoria. Mi papá y yo caminamos por el centro comercial con el diez por ciento de su gente habitual y hasta tuvimos el descaro de comernos una nieve de yogurt. No estaba The Reader por ningún lado, y yo que ando bien antojada porque me la han recomendado mucho, que según eso te enamoras, suspiras, bla, bla, bla.
Tenía años de no sentarme con mis papás a ver películas y comer palomitas de microondas. Yo creo que desde que tenía veinte, que raro pero así es. Escogí Quemar las Naves, una película mexicana nueva y completamente desconocida y fue toda una sorpresa, está buena, y hasta llegadora. Un poquito en la onda The Dreamers de Bernardo Bertolucci (no, no sale nadie tan guapo como Louis Garrel :D) nada más que con temática gay y sin tintes políticos. Me gustó.
De regreso a los territorios del cuasidesempleo he llegado a pensar en que ya es hora de buscar un sexagenario dueño de marcas como Louis Vuitton, y Puma, revolcarme con él hasta procrear una hija a la que llamaré Paloma, hacerlo renegar un poco mientras comparto mi tiempo con mi amiga con derechos española, después ya que la niña esté un poco crecidita, se parezca al papá y cause ternura casarme con él en una épica fiesta que dure tres días en Italia a donde vayan puras celebridades, of course. Finalmente la felicidad llegaría disfrazada de realización. Sí, eso es lo que me hace falta.
Tenía años de no sentarme con mis papás a ver películas y comer palomitas de microondas. Yo creo que desde que tenía veinte, que raro pero así es. Escogí Quemar las Naves, una película mexicana nueva y completamente desconocida y fue toda una sorpresa, está buena, y hasta llegadora. Un poquito en la onda The Dreamers de Bernardo Bertolucci (no, no sale nadie tan guapo como Louis Garrel :D) nada más que con temática gay y sin tintes políticos. Me gustó.
De regreso a los territorios del cuasidesempleo he llegado a pensar en que ya es hora de buscar un sexagenario dueño de marcas como Louis Vuitton, y Puma, revolcarme con él hasta procrear una hija a la que llamaré Paloma, hacerlo renegar un poco mientras comparto mi tiempo con mi amiga con derechos española, después ya que la niña esté un poco crecidita, se parezca al papá y cause ternura casarme con él en una épica fiesta que dure tres días en Italia a donde vayan puras celebridades, of course. Finalmente la felicidad llegaría disfrazada de realización. Sí, eso es lo que me hace falta.
/que sí, estoy hablando de Salma Hayek/
miércoles, abril 15
quiero cabaña
La pregunta básica ha sido: “¿A dónde fuiste de vacaciones?” como si tres miserables días fueran una temporada vacacional. Nada más sonreí con ánimo de verme optimista. X y yo nos quedamos en casa, H salió a la playa (nada interesante que contar aquí) pero P. fue a donde yo he deseado desde hace años: una cabaña perdida en el bosque. Lo de bosque se lee muy fantástico porque ni creo que haya sido bosque de verdad, acá hay puras montañas con arbustitos secos, pero el caso es que era a un lugar frío, frío, alejado, poco antes de llegar a Montreal (supuesto lugar boscoso) en compañía de 18 personas. ¿Así o más escandaloso? Pero para ella la diversión se resume a tomar.
“Yo no puedo tomar y sólo regresaré al vicio, emborrachándome como loca, el día en que mis gatos me den la espalda y mi perra Fany me deje de amar con intensidad y locura como lo hace” les dije con cierto sarcasmo y algo de amargura. Y como son cosas poco probables de que sucedan me tranquilicé. No entendieron el chiste. Pero en mi interior confieso que la escapada a la cabaña me pareció inmensamente interesante, ¿por qué a medio mundo no? Después nos contó que la cabaña no contaba con luz eléctrica por lo que en las noches había que caminar iluminados con velas (oh, my God!), que era de tres misteriosos niveles, y que hacía un frío de la chingada y el calor de la… ¡chimenea! (¡Siempre he querido estar en actitud romántica y reflexiva leyendo frente a una chimenea!) era psicológico porque el frío entumía el cuerpo. Bosque, ramas, árboles, frío, oscuridad, nostalgia, canciones enamoradizas de Rachel Yamagata (Be, be your love a todo volumen) libros y chimenea es igual a ¡Paraíso!
Lo mejor vino cuando nos contó que los asustaron. Se quedó afuera con su novio mientras los demás se habían encerrado en el último nivel. Comenzaron a intentar jugarles una broma golpeando la puerta cuando a lo lejos escucharon gritos en la oscuridad del bosque. Fingieron que no pasaba nada pero siguieron el escándalo y más gritos desde la oscuridad. Ahora sí, llenos de miedo, golpearon la puerta hasta que les abrieron y entraron asustados. Yo hubiera estado emocionadísima, alucinada, pero a ella parecía fastidiarle tanta incomodidad, el susto, amén de que le dijeron que probablemente no era una bruja o un fantasma sino una zorra cuyos ruidos parecen gritos. Que linda zorra, pero, n'aaambre no, yo prefiero lo de las brujas asesinas.
“Yo no puedo tomar y sólo regresaré al vicio, emborrachándome como loca, el día en que mis gatos me den la espalda y mi perra Fany me deje de amar con intensidad y locura como lo hace” les dije con cierto sarcasmo y algo de amargura. Y como son cosas poco probables de que sucedan me tranquilicé. No entendieron el chiste. Pero en mi interior confieso que la escapada a la cabaña me pareció inmensamente interesante, ¿por qué a medio mundo no? Después nos contó que la cabaña no contaba con luz eléctrica por lo que en las noches había que caminar iluminados con velas (oh, my God!), que era de tres misteriosos niveles, y que hacía un frío de la chingada y el calor de la… ¡chimenea! (¡Siempre he querido estar en actitud romántica y reflexiva leyendo frente a una chimenea!) era psicológico porque el frío entumía el cuerpo. Bosque, ramas, árboles, frío, oscuridad, nostalgia, canciones enamoradizas de Rachel Yamagata (Be, be your love a todo volumen) libros y chimenea es igual a ¡Paraíso!
Lo mejor vino cuando nos contó que los asustaron. Se quedó afuera con su novio mientras los demás se habían encerrado en el último nivel. Comenzaron a intentar jugarles una broma golpeando la puerta cuando a lo lejos escucharon gritos en la oscuridad del bosque. Fingieron que no pasaba nada pero siguieron el escándalo y más gritos desde la oscuridad. Ahora sí, llenos de miedo, golpearon la puerta hasta que les abrieron y entraron asustados. Yo hubiera estado emocionadísima, alucinada, pero a ella parecía fastidiarle tanta incomodidad, el susto, amén de que le dijeron que probablemente no era una bruja o un fantasma sino una zorra cuyos ruidos parecen gritos. Que linda zorra, pero, n'aaambre no, yo prefiero lo de las brujas asesinas.
en cambio...
Mi fin de semana consistió en horas de no hacer nada, lo cual fue maravillosamente relajante después de tener semanas dedicadas al exterior. El viernes salí de vaga por la ciudad y las calles desérticas me deprimieron. Tengo que aceptar que el murmullo urbano me distrae. Ver que no había nadie me hacía pensar que todos se la estaban pasando increíble menos yo. Mi ego no lo soportaba. El sábado tenía planeado -el mejor de mis placeres- leer cuatro revistas que había comprado y por falta de tiempo reposaban en el escritorio olvidadas y tristes. Sinceramente me enamoré del diseño y estilo editorial de Nylon México, una bebé de apenas dos ejemplares. Por la tarde quise bajar de mi guarida, armada con dos opciones para el dvd. Marie Antoinette (la versión pop de Coppola) por novena ocasión – es enfermizo, lo sé-- y ya entrada la noche reírme un poco con una temporada de Aida.
Pero mi plan se frustró cuando me encontré a mi familia sentada en la sala con cacahuates, cerveza y fritangas porque habían contratado el partido de futbol, el cacareado y sobrevalorado clásico. Con ánimos de no ser una extraña en mi propio hogar (y ante la insistencia burlona) me senté con ellos y un vaso de Peñafiel fresa a ver un montón de balones fuera, caras decepcionadas, y close ups de fanáticos sudados. Gracias a Dios terminó el partido y justo me disponía a encender el dvd cuando veo en VH1 que pasaban El espejo tiene dos caras. Imperdonable no verla porque me hace mariconear mucho. Soy tan cursi que la he visto cuatro veces. Esta vez lloré mucho en penosa soledad con la canción final, la que canta Barbra con Brian Adams. Terminé viendo cuatro programas buenísimos de Fashion tv mientras los dvd planeados se quedaron tirados en el sillón.
El domingo de resurrección vi un programa argentino llamado “Ser Urbano” sobre el detrás de cámaras de una película porno a bordo de un barco afuera de Buenos Aires, oh!. Obvio, lo vi todo, y los actores detrás de cámaras daban hasta ternura, pero el director (ajeno al cliché del director obeso, barbudo, sucio, y morboso que uno se pueda imaginar) era un señor intelectual, muy respetuoso, paternal, preocupón, alegre, simplemente adorable. ¿Qué cosas, no?
Pero mi plan se frustró cuando me encontré a mi familia sentada en la sala con cacahuates, cerveza y fritangas porque habían contratado el partido de futbol, el cacareado y sobrevalorado clásico. Con ánimos de no ser una extraña en mi propio hogar (y ante la insistencia burlona) me senté con ellos y un vaso de Peñafiel fresa a ver un montón de balones fuera, caras decepcionadas, y close ups de fanáticos sudados. Gracias a Dios terminó el partido y justo me disponía a encender el dvd cuando veo en VH1 que pasaban El espejo tiene dos caras. Imperdonable no verla porque me hace mariconear mucho. Soy tan cursi que la he visto cuatro veces. Esta vez lloré mucho en penosa soledad con la canción final, la que canta Barbra con Brian Adams. Terminé viendo cuatro programas buenísimos de Fashion tv mientras los dvd planeados se quedaron tirados en el sillón.
El domingo de resurrección vi un programa argentino llamado “Ser Urbano” sobre el detrás de cámaras de una película porno a bordo de un barco afuera de Buenos Aires, oh!. Obvio, lo vi todo, y los actores detrás de cámaras daban hasta ternura, pero el director (ajeno al cliché del director obeso, barbudo, sucio, y morboso que uno se pueda imaginar) era un señor intelectual, muy respetuoso, paternal, preocupón, alegre, simplemente adorable. ¿Qué cosas, no?
lunes, abril 6
El mes de marzo fue uno de los más largos aunque los días se vayan rapidísimo. Sé que se lee contradictorio pero así han sido. Por el momento mantengo dos empleos: día y noche y es muy cansado. Hago hincapié en que es por el momento porque poco les aguanto el paso, pienso poner mi renuncia sobre la mesa (literalmente) ya que me hayan pagado y la sonrisa sea súper expresiva. Mis respetos para todos aquellos que pueden con dos turnos pero yo no lo logré.
Aunque, no crean, he escuchado cada historia y conocido cada gente que uno se pone a pensar muchas cosas y valorar tantísimas. Sobre todo valorar. También ha habido momentos chuscos. En el día tengo una nueva compañera que invierte de 30 minutos a dos horas de su vida en hacernos perder el tiempo. Cuando yo quiero hablar de psicología (su rama) citando autores y terapias novedosas no sabe nada de nada, así que siempre caemos al mismo tema: “mi marido, mi bebé, que bonitas fotos de tu boda…” y una lista interminable de temas insípidos (para mí, aclaro, ya que temo que en el post antepasado pude lastimar a alguien a quien quiero y admiro mucho) así que cuando la veo llegar suspiro resignada porque la mayoría de las veces me aburre. El día mejora considerablemente cuando la pediatra cruza la puerta. Sin palabras.
En la noche uno de mis compañeros es un chavo llamado Francisco. Desde que lo vi le noté cierto sospechosísmo suponiéndolo uno de los míos. Lo único que me hacía dudar es que el bato es grupero. Nos llevamos bien, respetuosamente, un día le dije: “Francis me pasas esa comanda, porfa” y cuando me la entregó sentí una cuchillada con su forma de mirarme ja!. “Francisco” me dijo con muchos güevos. Cerca del área de botellas le aclaré que Francis es muy europeo y ya no me dijo nada. ¿Qué mierda sé yo de Europa si nunca he ido? Nada, pero el wey se lo creyó. En realidad, ji, yo lo comenté por un personaje de la serie Malcom (uno de los placeres que tanto extraño) Total, se había sentido toda humillada porque, según yo, tal vez pensó que lo comparaba con el famoso (a) Francis. Ahora cuando llego lo saludo con un apretón de manos fuerte diciéndole: “Cómo está mi hombre?” y se ríe o finge reírse.
Lo malo: suena música grupera en las bocinas. Una noche nos unió un momento sentimental –siempre lo recordaré- escuchamos en las bocinas “A mi qué me importa” de la Firma y la cantamos apachurrados (me la sé todita) no fue difícil adivinar que los dos andamos con el corazón puteado.
milk

En uno de mis días libres puedo salir a las 2pm y hacer lo que quiera el resto del día. Ese tiempo lo he usado para terapear, y budear de nuevo en uno de mis intentos de volver a lo zen que dejé atravesado en el camino. Un día fuí al cine a ver Milk en los cines “Muestra Alterna”, uno de mis lugares favoritos y uno de los pocos cines con propuestas diferentes, “de arte” que me parece absurdo el nombramiento porque el cine en sí ya es un arte tan bello como los demás sin importar procedencias, presupuestos o directores, pero, bueno. Tenía que ver Milk porque me gusta mucho el cine de Gus Van Sant he visto casi todas sus películas y siempre salgo gozosamente satisfecha, esta vez no fue la excepción.
Una de las cosas que me llama la atención de él es la musicalización, y esto en la entrada de la película me gustó –aunque a decir verdad se vio muy victimista- pero me gustó, así, a secas, porque tampoco fue la octava maravilla, está buena para verla una vez pero no dobletearla (si los activistas leen esto se ponen locas) es que el final es tan cursi, cursi y peca de entusiasta que poco me faltó para al salir de la sala ponerme mi pulsera de arcoiris y salir a la avenida a manifestarme por nuestro derecho a existir a grito profundo de “¡Ni enfermos ni criminales simplemente homosexuales!”
El que me dio mucha cosita fue Diego Luna, que de por sí me caga. Mira que desperdiciar esa película (de ruido garantizado), ese director, y ese actorazo, para que él hiciera una interpretación tercermundista, ranchera y llena de cliché de una jotita caprichosa. Quizá peco de malinchista pero todos los actores están bien, se ven naturales menos él. Pobre. Mi reciente placer es lo indispensable de la música house en mi vida. No hay día en el que no reproduzca beats y escuche una de las seis canciones de David Guetta que están de rigor en mi reproductor. Y todo porque comprendí que cuando escuchas música house es imposible lagrimear. No se puede, el cerebro se confunde y en lo único que piensa es en mover pies o manos. En una de esas hasta me hago Dj, yeah!
Una de las cosas que me llama la atención de él es la musicalización, y esto en la entrada de la película me gustó –aunque a decir verdad se vio muy victimista- pero me gustó, así, a secas, porque tampoco fue la octava maravilla, está buena para verla una vez pero no dobletearla (si los activistas leen esto se ponen locas) es que el final es tan cursi, cursi y peca de entusiasta que poco me faltó para al salir de la sala ponerme mi pulsera de arcoiris y salir a la avenida a manifestarme por nuestro derecho a existir a grito profundo de “¡Ni enfermos ni criminales simplemente homosexuales!”
El que me dio mucha cosita fue Diego Luna, que de por sí me caga. Mira que desperdiciar esa película (de ruido garantizado), ese director, y ese actorazo, para que él hiciera una interpretación tercermundista, ranchera y llena de cliché de una jotita caprichosa. Quizá peco de malinchista pero todos los actores están bien, se ven naturales menos él. Pobre. Mi reciente placer es lo indispensable de la música house en mi vida. No hay día en el que no reproduzca beats y escuche una de las seis canciones de David Guetta que están de rigor en mi reproductor. Y todo porque comprendí que cuando escuchas música house es imposible lagrimear. No se puede, el cerebro se confunde y en lo único que piensa es en mover pies o manos. En una de esas hasta me hago Dj, yeah!
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